El Conjuro

Él no era cualquiera, era un literato. Y como tal, escribía.

Sabía que era culto y genial, porque había aprendido de memoria el conjuro mágico y la receta para ser un gran escritor, trascendente y renombrado, digno de ser citado por aquellos de la más grande valía en el presente y el futuro.

A riesgo de excomunión, presento a continuación los elementos más representativos de dicha receta (hay que recordar que para ello, debe de tenerse a la mano un caldero enorme y una cuchara gigante, una bata negra y un sombrero puntiagudo. Y también, un poco de cerveza):

  • Un toque de “innegable rimbombantismo” dentro de las oraciones (por lo menos uno cada dos párrafos).
  • Diez palabras –como mínimo– de origen desconocido para el lector común (de preferencia, mezcladas con la esencia del reconocimiento de los cultos).
  • Una leve adjudicación de las ideas ajenas, adquiridas de la lectura de los productos literarios o metafísicos considerados trascendentes por los grupos selectos.
  • Una dosis leve de lengua extranjera (de preferencia lenguas muertas, como el latín, sin embargo el griego también es aceptable, por su capacidad de generar el efecto de intelectualidad, sobre todo en el caso de las etimologías. El francés, el italiano y el inglés son necesarios –sobre todo el primero y el último– para intervenir en las ideas y oraciones de la magna creación, pues se supone, que quien lee dicha obra, los domina cual lengua madre).
  • Tomar un trozo de plomo convertido en oro, y convertirlo en una nueva palabra, etérea de preferencia (sobre todo, hacer enérgico hincapié en la constitución etérea).
  • Y por último, el ingrediente más importante de todos: dos gotas del apadrinamiento “de aquel” (o de preferencia “de aquellos”), el señor feudal que parte el queso en el área cultural de su región.

Como el mencionado gran literato ya tenía bien aprendido el conjuro y todos los ingredientes a la mano, pudo combinarlos enérgicamente y recitar el diabólico conjuro, para preparar la pócima mágica de la trascendencia y el renombre. Después, también pudo reír como loco y danzar un poco, dando vueltas alrededor del gran caldero.

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3 thoughts on “El Conjuro

  1. Me encanta la receta que has dado. A mí ya me corta un poco publicar por si soy demasiado « lela» tonta para los amigos, o comerme un acento o una coma. Ya mejor casi escribo como siempre en folio y con mi «boli» negro como he hecho siempre

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  2. “Y por último, el ingrediente más importante de todos: dos gotas del apadrinamiento “de aquel” (o de preferencia “de aquellos”), el señor feudal que parte el queso en el área cultural de su región.”

    Jajajaja- Con este solo ingrediente ya podrás ser un buen literato en cualquier pasís de hispanoamérica. Negros hay muchos y se consiguen barato. Yo misma.

    Le gusta a 1 persona

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